Cuba debe abrir sus archivos, pero todos
Este montaje estaba preparado y listo para colgar cuando Cubadebate (10/IV/11) divulga que Luis Ortega ha fallecido en Miami. El sitio, patrocinado por uno de los grupos de propaganda que pujan dentro de Cuba por el control de los medios de comunicación, le rinde un amistoso obituario, aunque a duras penas logre pasar por alto que, para empezar, Ortega fue uno de los primeros partidarios de la dictadura de Fulgencio Batista y miembro de su Consejo Consultivo, su estructura inicial de gobierno, entre otras toneladas de linduras que de seguro Cubadebate no recordará.
La idea de Luis Ortega es exponer al escrutinio público los archivos de los servicios cubanos que conciernen, en particular, al autor. En sentido general el proyecto no es descabellado si tomamos en cuenta el éxito reciente logrado por la CIA con la desclasificación de unos viejos papeles que han dado en llamar “las joyas de la familia” y que se refieren casi siempre a sus intentos de asesinar a Fidel Castro. En este caso sería las joyas de la familia pero cubanas y relativas a mi exclusiva persona. La pretensión de que mi nombre atraiga la misma atención que el del jefe cubano es la parte débil. Ortega, conocido entre los periodistas cubanos por su frase emblemática de que no vende su pluma sino de que la alquila, lanza el proyecto en su columna de el diario/la prensa del 8 de diciembre de 1999. Bajo el reclamo del título “Cuba debe abrir sus archivos”, en lo que se supone una crítica literaria del libro Dulces guerreros cubanos, hace explícito que la apertura de tales archivos dejarán muy mal parado al autor e incluso a disposición de los sabuesos de la INTERPOL o de los rigores de cualquier otro servicio occidental. Aunque, a tenor de todas las acusaciones de su pieza, el autor cree que la exposición de la horrible documentación sería redundante. Él les confiesa que está loco por ver los originales de su archivo en el Departamento de Seguridad del Estado. Es uno de los viejos sueños. Ver cómo la actividad cotidiana de un revolucionario entusiasta y leal se convierte en motivos de la persecución política. Y eso dentro de la Revolución y no como material acumulativo del Buró Represivo de Actividades Comunistas de la época de Batista. Los archivos de la Seguridad sobre uno, qué cosa. Esa novela en paralelo escrita a diario sobre cada paso de tu existencia. ¿Habrá que esperar mucho para satisfacer estas apetencias? No se ven indicios de que, por lo pronto, la Jefatura vaya a abrir la mano. Ortega y un servidor, cada cual por motivos diferentes, nos quedaremos con las ganas —todo parece indicarlo.
EL SEGUNDO ARCHIVO:
Y, de inmediato, vamos a prestar un servicio. Es para emparejar la pelea. Es el tipo de cosas que ocurren cuando tú tienes una buena idea sobre los archivos. Que los archivos no se ocupan solo de uno. Tampoco Ortega hace mención sobre los papeles que amarillean en las gavetas de anónimos ciudadanos. Terribles periódicos viejos.
“En su punto: rata fascista”, firmado por “Esmeril”, fue publicado el 15 de agosto de 1950 en la edición de esa mañana del periódico de los comunistas cubanos Noticias de Hoy. (La versión en PDF es mucho más legible.)




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